"ÉRASE UNA VEZ EN .. LONDRES .. HÉCTOR.

Martes, 27 de julio del 2010


Blog de literatura japonesa antigua, de Jordi Escurriola,
http://www.japocat.blogspot.com

H E C T O R

HECTOR FALLECIO HACE UNOS MESES SIN EL LONDRES NUNCA SERA IGUAL, NI YO.

De los años que viví en Londres hay varios recuerdos imborrables, pero de ellos destaca especialmente el de Héctor, mi maestro y amigo.
LIBRERIA WATKINS


Héctor nació al pie de los Andes, en tierra de viñedos y seminarios. Su padre había estudiado teología pero durante la guerra civil española se trasladó a la Argentina y fue maestro de música, entre otras actividades. Su madre era muy religiosa, de origen italiano, y soñó para Héctor la carrera eclesiástica, su culminación, el orgullo de la familia.

Héctor ingresó en el seminario y destacó en teología, filosofía y música, y pronto empezó a dar clases en una escuela religiosa. Pasó el tiempo y justo a punto de tomar las órdenes mayores tuvo una crisis de fe y colgó los hábitos. Se marchó a Venezuela y se dedicó a la fotografía. Con un amigo recorrió todo el país con la cámara en ristre viviendo muchas aventuras y anécdotas. Decidió cambiar de aires y se trasladó a España.

En Madrid trabajó con un fotógrafo durante varios años, pero, eternamente insatisfecho, se marchó a Londres. Allí empezó el gran viaje en busca de sí mismo. Había leído mucho y en Venezuela estuvo en contacto con intelectuales participando en debates y reuniones literarias con gente vinculada a la masonería, rosacruces y esotéricos, aunque su interés principal fue siempre la filosofía y la teología.

Yo lo conocí por casualidad. Estaba en Londres trabajando y estudiando en la Universidad y un día fui a visitar a unos amigos con quienes había estado trabajando durante un año. Tenían un pequeño restaurante de cocina francesa y Héctor estaba allí fregando platos, una de las pocas actividades que podía hacer alguien sin papeles ni contrato. No sé cómo salió el nombre de Gurdjieff y el Priorato de Fontainebleau y aquellos nombres cimentaron nuestra amistad. A partir de entonces nos vimos con frecuencia, de hecho, sólo los domingos, que pasábamos charlando y comentando nuestras lecturas semanales. Me habló de autores prácticamente desconocidos para mí, a él debo mi entusiasmo por Mircea Eliade y Colin Wilson, entre otros, y juntos descubrimos librerías pequeñas de segunda mano donde siempre encontramos un libro para estudiar. Recuerdo particularmente una que estaba dentro de un invernadero, cerca de High Street Kensington. Se subía una cuesta todavía sin asfaltar y a la izquierda aparecían los vidrios llenos de polvo y lluvia de la librería. Sus propietarios, canosos, dignos, vestidos completamente de blanco recibían a los pocos clientes que se acercaban allí, les ofrecían té, folletos sobre seminarios de budismo tibetano en tierras escocesas, revistas sobre la Kábala hebrea, una sobre una secta cuyo gurú había sido taxista en Londres y ahora afirmaba vivir en Venus, y desde allí alentaba a sus seguidores a adorar una piedra que él les había enviado por transporte interestelar, también la del Monasterio de las Siete Llaves perdido en la serranía andaluza, y otras de vida intensa pero breve. Entre las montañas de libros había macetas con docenas de plantas y flores.Se podía leer, pasear, hojear cualquier libro, cualquier texto que estuviese a la vista, y nadie te exigía que comprases nada, hicieras lo que hicieras te acompañaban a la salida con su sonrisa habitual, te deseaban buen día y que volvieras cuando quisieras. Volvimos varias veces, compramos pocos libros y charlamos mucho, pero un día encontramos los vidrios rotos, el interior vacío, unas macetas rotas en el camino y un cartel escrito a mano con una caligrafía exquisita comunicando el fallecimiento del propietario y el final, triste final de la librería más cálida y más humana que he encontrado jamás.

Poco después “descubrimos” Compendium, en Candem Town, dos librerías dedicadas una exclusivamente a la historia y otra a la filosofía y ciencias de la mente, como se decía en aquellos tiempos; la última vez que estuvimos había estantes enteros dedicados al “New Age”. Siempre había gente pero sucumbió a la comercialización de la zona cerca del río, lugar ahora de mercadillos y tiendas de todo tipo. Nuestro último reducto fue Watkins, un callejón de Charing Cross. Las obras de Crowley, las nuevas ediciones de las obras de la Gran Bestia se encontraban allí, todos los libros de y sobre la Golden Dawn, John Bennet, Rodney Collin, todos los autores que componían la pléyade británica del esoterismo europeo tenían un lugar destacado en sus estantes. Los libros sobre la India y el Tibet eran muy populares, especialmente Agehananda Bharati y Anagarika Govinda.También pasamos por Atlantis, cuentan que fue la última librería que visitó Crowley antes de morir. Cerca de allí, destacó Dark They Were and Golden Eyed, de espléndido nombre pero rápida agonía. Watkins y Atlantis son las únicas supervivientes de aquella época llena de furor alternativo.

De Héctor aprendí a estudiar las notas de pie de página y a valorar especialmente las bibliografías. De cada libro casi siempre obteníamos un nombre, una referencia que, a su vez, nos remitía a otro y así sucesivamente. Todo era como una telaraña inmensa y nosotros pasábamos de un hilo a otro en un periplo que nos hacía considerar cada fragmento como un todo inacabable.

Un día Héctor me trajo una especie de pamfleto publicado en España....eran unas hojas impresas en un papel basto con una tinta de mala calidad y un título pedante. Leí unas pocas frases y miré fijamente a mi amigo. ¿Cómo podía leer aquel artículo? Era una diatriba contra un escritor tildándole de “rojo comunista y asqueroso anticristiano”, entre otros epítetos semejantes. Era un pamfleto que arremetía contra todo lo que no era franquismo y católico. Me dijo que era muy interesante de leer porque así sabríamos siempre a quién leer, es decir, lo criticable, lo censurado, lo insultado era precisamente lo que debíamos conocer. A través de una amiga nos llegaban puntualmente, una vez al mes, aquellas hojas que muy en contra de sus intenciones nos permitió saber de unos autores que quizá nunca hubieramos leido.

Héctor releía los textos sagrados quizás en busca de su fe perdida, analizaba cada frase, estudiaba los personajes bíblicos con lupa, usaba la Vetus Latina, la Vulgata, la versión inglesa del rey James, la de Nácar y Colunga, la de Reina-Valera............. Cuando llegó la noticia de que se estaban traduciendo algunos de los textos hallados en el Mar Muerto se pasó días buscando información en todos los periódicos y revistas literarias. John M Allegro fue de los primeros en publicar sus impresiones de los textos provocando un escándalo monumental con su libro The Sacred Mushroom que fue vapuleado por la prensa conservadora, hasta tal extremo que el editor publicó una nota disculpándose por haberlo impreso y no volvió a publicarse. Nosotros lo leímos y fue objeto de debate durante muchos domingos en su cuarto.

Hacía tiempo que Héctor vivía en Wimbledon donde había encontrado trabajo en un restaurante como ayudante de cocina en jornadas completas que le dejaban poco margen para la lectura. Pero él siempre encontraba tiempo para sus análisis, sus reflexiones, que resumía en pedacitos de papel que depositaba entre las hojas de los libros. Luego apuntaba notas para discutir conmigo los domingos cuando yo llegaba de Earl’s Court donde vivía. Hacia las nueve de la mañana empezábamos y regresaba a mi cochambrosa habitación a las nueve de la noche con la cabeza llena de ideas, los bolsillos llenos de papeles y el corazón lleno de agradecimiento.

Cuando tuvo vacaciones me hizo unos anaqueles con unas maderas viejas que encontramos en un cubo de basura, los pintamos de color verde, colgué una lupa con una hebra de lana para leer la letra pequeña de las ediciones baratas que compraba y así tuve mi primera biblioteca en Londres.

Después cuando regresé a casa mantuvimos el contacto siempre y los primeros años Héctor venía y estaba unos días en Barcelona y el volumen de las notas seguía creciendo. Más adelante, ya mayor, de frágil salud, yo iba a Londres y pasaba dos semanas en una habitación de la residencia donde se hospedaba. Había insistido a la asistente social que como siempre habia un cuarto para los visitantes que estuviera dispuesto para cuando yo iba, creo que fui el único visitante que gozó de aquel privilegio en muchos años.

Jubilado ya seguía con sus búsquedas y pasaba horas y horas paseando por Londres. Conocía todos los barrios, todos los paseos, todos los atajos, su historia, su origen, su principio y nunca quiso saber su final para no entristecerse. En aquellas correrías encontró “el molino de la abadía”. Era un descampado al lado de un río, en Merton, y los sábados y domingos estaba lleno de tenderetes. Unos vendían rosquillas que cocinaban delante del cliente, otros ropas de segunda mano, camisetas con estampados inverosímiles, la señora Baas vendía sus “curris” ardientes, con pequeñas gambas cocidas dentro de sus salsas oscuras como su tez, sus confituras de mil frutas para reducir y emulsionar los picantes ingredientes que te dejaban los labios hinchados en un beso de fuego, alguien vendía cajitas de madera blanca con aperturas insólitas, collares, anillos, pulseras de fina plata que hacían las delicias de las adolescentes, macetas de mimbre esperando su flor................ Y allí se erguía como un monstruo antediluviano un viejo edificio lleno a rebosar de libros viejos. Todas las materias estaban clasificadas y sus autores por orden alfabético, aunque con un desorden producto de muchas consultas y dudas. La primera cosa que hacíamos era ir allí. Héctor se retiraba a husmear por otra parte y dejaba que me arrastrara por el suelo para leer los títulos de libros que estaban en los estantes inferiores. Cuando encontrábamos uno interesante chasqueábamos los dedos como una señal y uno u otro iba a comprobar el “valor de la captura”. Siempre encontré algo. Unas veces un título buscado que después de varios años aparecía de repente como si alguien se hubiera apiadado de mi, otras un autor desconocido con un título inquietante, otras un viejo conocido me sorprendía con un libro que me había pasado desapercibido .......

oo&oo

Otros articulos relacionados de este autor son: "Héctor", "Enriqueta", "Nora", "Berkeley Square", "Bob", "Cristina", "Daniel", "Delia", "Don José", "Estrasburgo", "Foyles", "Karlsruhe", "La biblioteca", "La mujer de la lavandería", "Marius", "Mary", "Miss Sweety", "Nicole", "Orange", "Serge", y "Wissembourg".


Jango Edwards, el payaso americano, en el programa de Buenafuente.

Jueves, 15 de julio del 2010




A Jango Edwards, tuvimos Matteo, Otto y yo, el placer de conocerle personalmente en Barcelona, hace unos 7 o 8 anos, durante un curso de clown o pallaso que daba con una asistenta italiana, Mónica, pués Jango hablaba todavía poquísimo castellano, casi nada.
Jango es fuerte, muy absorvente, y aparatosa su manera de moverse y andar, Cuando Jango Edwards habla, gesticula como si nadie fuera jamás a entenderle! pero moviendo su larga cabellera, muy blanca ahora, de derecha a izquierda sin parar, como un caballo nervioso, no habia más remedio que atenderle. Pero tras su complicada elocuencia, bastaban tan sólo 2 palabras que funcionaban, para comprender lo que él como pallaso esperaba de nosotros. A los alumnos nos contagiaba tanta energia que todos íbamos a la una, a su ritmo y sin pestanear. Todos sin saber exactamente qué, pero algo debíamos hacer para que a él, le hiciéramos reir. Si lo conseguíamos, con su actitud nos gratificaba inmensamente. Hacer el pallaso, nos decía! y de eso se trataba a la hora de hacer el pallaso, que quien nos mira, llegue a sonreir y si además se lograban carcajadas, nuestro éxito como futuros pallaso se hacía redondo como una tortilla de patatas. Todos le mirábamos alucinados, tenerle tan cerca es toda una experiencia, pués al principio impone y da un poco de miedo, parece un poco agresivo, cuando actua! No obstante estábamos allí en una mini sala del barrio barcelonés de Grácia, para hacerle reir! Escucharle atentamente y aún sin comprender su inglés a mil por hora, como es un vendaval, un huracán de carne y huesos, al principio realmente costaba bastante seguirle.

Pero Jango es tan expresivo, baila cuando camina, y cuando se sienta parece otra persona, quizás una bella damita solitaria que ya no tiene nada más que hacer. Hasta que de repente se levantaba, de un salto felino y en el escenario se convertia todavía en otra persona nueva, muy ágil y muy auténtica, evidentemente irresponsable pero controlando cada movimiento, y nos hacía reir! Allí el maestro nos hacía improvisar con nada o con todo, eso es simplemente, con la innata simpatia, con la voz, con una mueca de la cara, con un gesto, y arte! Claro, a descubrir el arte era a lo que todos nosotros íbamos, a encontrarnos con nuestras emociones y a sacarlas lo antes posible, porque Jango Edwards siempre llevaba prisa.

Siempre he expresado que a los pallasos todo se se les perdona, y si se es uno de los mejores pallasos del mundo, pués que valgan la pena todas sus barvaridades, las que a cada minuto se le iban ocurriendo. Excentricidades en las clases sin duda alguna y más allá, en el restaurant, en el bar, aunque por la calle ya no tanto, el profesor algún rato, pobre, también debía descansar y si era de noche, pero de dia! salíamos a la plaza más cercana de Grácia en busca de la aventura del momento! En el curso de Jango, aprendiendo de su técnica, la natural se podría decir, es la que mejor funciona, es cazar el instante y convertirlo en absurdo y ponerse a reir, si ha hecho gracia claro. Y en general funciona, sus movimientos eran más bestiales cada dia y a la vez más suaves, cuanto más le íbamos conociendo. Tanto los corporales como con los objetos. Una especie de Leo Bassi, pero como Jango es más sexy que el pallaso italiano, este nos ensenaba el culo y encima te ponía cahonda, el tío! Aunque Jango Edwards se vista de feo, de vagabundo, de loco, o de monstruo o de bruja, es un ser encantador y educado, muy educado, y esto destaca de entre sus vestiduras y maquillaje nefasto. Jango es uno de esos pocos artistas vitales e inteligentes, y de pies a cabeza un caballero. Hay que verle para creerlo! Inagotable es la palabra, pués improvisar sin descanso es un arte muy puro y duro que evidentemente no a todo el mundo gusta de hacer o responder, por eso es tan difícil mantenerse constantemente abierto, ligero y al mismo tiempo receptivo a toda hora y no decaer durante toda una vida.

Su larga coleta despeinada recuerdo claramente, y una sonrisa abierta siempre en sus labios super grandes y simpáticos, aunque no le comprendieras bien, ni él a los alumnos, su sonrisa abierta era una invitación casi a la lujuria, a la amistad con respeto, y un canto para cazar la emoción, la super importante emoción del pallaso. Los clowns tienen un camino destinado a mantener viva la alegria y si sigo observándole en mi recuerdo sólo 5 segundos más, me pondría a saltar y a hacer el loco por la habitación.

En el video se percibe claramente su vitalidad que al presentador de la televisión le divierte sinceramente, además Buenafuente es un cómico excelente y le comprendió enseguida. Jango viaja por todo el mundo, en Espana, toda Europa, vive en Holanda, o en Japón o en México, gusta porque reparte el regalo más antiguo, la ilusión, mezclada con la vulgaridad, y esto es lo que atrae de los pallasos, su finura y su fealdad, queramos o no.

Charlando desde su asiento, en las clases que hicimos en la calle, cogía subitamente su silla y se la ponía por sombrero y empezaba detrás del más desprevenido vianante a quererselo casi tragar! El individuo naturalmente o salia corriendo, o le empezaba a gritar, con lo cual nos petábamos de risa. Jango Edwrds no podia estarse quieto mucho tiempo, ni dejar de hacer sus tonterias! Ama la comida porque siempre hacia bromas con este tema. Cada tarde acababa el curso y nadie queria dejar de verle, aunque él se tenía que recoger. Todos aprendimos a ser más frescos que lechugas y elocuentes, cosa difícil hoy en dia, y saber hasta donde uno puede llegar y hasta donde uno no llegará. Valores esenciales para sobrevivir entre las otras almas, las que no poseen un pallaso dentro., En resumen salir definitivamente de nuestro tímido caparazón era el objetivo y se consiguió.

Fue todo un privilegio, repito, conocer a un genio tan próximo, humano como el que más, y al que podias tocar sin miedo a ser mordido ... bueno, bueno . en el mundo del teatro, los mordiscos y los besos están permitidos y tienen un privilegio, pués se necesitan para seguir creyéndote vivo y guapo, para seguir emocionando a los demás y seducir para que se fijen en ti, y eso exactamente es lo que ocurrió durante aquellas inolvidables tardes que pasamos en el curso con Jango Edwards. Estar junto a Jango, el feo pallaso seductor por excelencia, fue girar personalmente como una veleta, como viajar hasta la luna, pisarla y regresar de un salto, en un santiamén. Sin olvidar que fueron muy largas las tareas, muy concentradas las materias, voluminosas ensenanzas en 15 dias, pero los alumnos nos sentimos muy libres ay! y perdimos el peso pesado de la verguenza y aprendimos como en el colegio, renovada rigurosidad en el arte y en el empeno de ser unos buenos y mejores pallasos para los demás.

(2008) "La leyenda del bandolero Joan de Serrallonga" dirigida por Esteve Rovira.

Domingo, 30 de mayo del 2010



Una serie rodada para la televisión, una superproducción de 3 horas de duración, en la que participaron TV3, TVE y Oberon Cinematográfica, sobre la vida de un famoso bandolero, Juan Sala, alias Serrallonga, que vivió de 1594 a 1634.

Los intérpretes han sido, Mercedes Sampietro, Segi Mateu, Francesc Luquetti, David Selvas, Nuria Gago, y Isaac Ferriz, en el papel de Joan de Serrallonga. Con ellos una ambientación exquisita y 2.000 figurantes, 30 carrozas, 500 sesiones con caballos, 80 armas de época -como los pedreñales, rústicas armas de fuego que requirieron un intenso entrenamiento de los actores para evitar accidentes-. Más de 400 vestidos de época y más de 60 localizaciones diferentes, entre Santa Pau, pueblo donde se rodó la serie, Barcelona y el Collsacabra. El bandolero nació en la masia, La Sala de Viladrau, a la cual debe parte de su nombre.

Natural de Viladrau, lo de Serrallonga le vino del nombre de la masía de su esposa Margarita Serrallonga y Tajadas, la heredera de la masía Serrallonga de Querós, a unos 17 km de Sant Hilari Sacalm.

Tras diversos robos, fue sobresaliendo entre otros grupos de merodeadores. En diversas ocasiones, acosado por las tropas reales, tuvo que refugiarse más allá de la frontera con Francia. Meras lineas en un mapa, estas teóricas barreras servían de bien poco, en la práctica. Alguno de sus protectores galos, como Durbán, negoció con el virrey la entrega de diversos bandoleros del grupo. Su grupo fue destrozado por las tropas reales, en 1632, y él vivía a salto de mata con una de sus barraganas...
Un Robin Hood de los bosques a la catalana, más humilde que en Inglaterra, los botines de Serrallonga servían para alimentar a unos pocos de los suyos, amigos y familia, a quienes él protegia de la pobreza y de la tirania de rey Felipe IV.

.... Separar historia y leyenda es, hoy en día, prácticamente imposible.

Su funesta muerte en 1650 ha quedado grabada en la mente y memoria de todos aquellos que conocen su historia. Fue ejecutado y antes martirizado como un hereje. Atado de pies y manos a 4 férreos caballos, a la orden del verdugo tiraron los animales de sus cuerdas y descuartizaron su cuerpo. Un hombre hombre, pasional y amante de sus hijos por encima de cualquier ley, se vió lanzado por la injusticia a robar y a matar, soldados del rey, esbirros ambiciosos, y por el propio odio fue reducido y apresado, ejecutado como digo, publicamente frente a la muchedumbre ignorante, pero siempre generosa con él y que aprendió de su héroe, valor y el poder infinito de luchar constantemente por la justicia.
Otro final super y extremadamente emocionante, como la muerte bajo la guillotina de de William Wallace en "Braveheart"....

Los castellers o castillos humanos, deporte y tradición en Cataluña.

Martes, 9 de marzo del 2010




Observais un maravilloso castillo desde el aire que no es una simple amapola sino MÚSCULOS DE ACERO unidos en una PIRÁMIDE HUMANA en hecha de :

FUERZA,
EQUILIBRIO,

VALOR

Y

"SENY" (RACIONALIDAD).

!!!!pués ellos son los ...

CASTELLERS DE CATALUNA!!!!





En Barcelona, 1995, fiesta de la Merce, patrona de la ciudad.


La colla de Los Castellers de Vilafranca


Pirámides humanas que han logrado el récord de 8 PISOS. Estos castillos o "COLLAS" son equipos, formados por hasta 250 PERSONAS! amigos y colaboradores, atletas fuertes que se situan en la base del castillo uniéndose como UNA PINA, como ellos lo denomina, para sostener a los integrantes más ligeros que van a ir subiendo. La finalidad es sobretodo amortiguar las caidas que irremediablemente se van a producir, muchas veces antes de terminar la dificilísima pirámide. Tras el tronco del castillo suben un niño o una niña, son los enxanetes, que con el brazo alzado al aire, son los que solos o cogidos de la mano culminan el éxito de un castillo por fín cargado.

Podeis encontrar mucha más información sobre las collas y sobre el vocabulario específico de "Los castellers" en....

http://www.altcamp.info/castvocabulari.htm


!Las mil caras de la luna y la fuerza del sol!

Miércoles, 14 de octubre del 2009