Síndrome de adicción al trabajo. Socialmente tolerable pero personalmente peligroso.


2012-10-23 23:10
LO DEDICO A RICKI Y A OTTO


Este mal afecta en su mayor parte a profesionales con altos puestos y se inicia entre los 35 y 40 años. Utilizan el empleo en forma compulsiva para evitar problemas afectivos en la familia o en la pareja.

Los “adictos al trabajo” o workaholics –término que nace en Estados Unidos a partir de su asociación con el término alcoholic- son personas que utilizan su empleo como una manera de escapar de lo temido y transforman su casa en otra oficina.

A diferencia de otras dependencias, la adicción al trabajo logra un consenso familiar y social que –de alguna manera- parece disculpar o por lo menos encubrir esta alteración.

“El trabajo está valorado y supone sacrificio generoso y altruista para la subsistencia y progreso familiar. La presión social para conseguir el éxito, el exceso de ambición y la incapacidad para establecer un orden de prioridades entre sus obligaciones laborales son algunas de las principales causas que -sumadas a conflictos afectivos familiares o de pareja- determinan la aparición de esta patología”,

explicó el doctor Jorge Franco, jefe de Consultorios Externos del Departamento de Salud Mental del Hospital de Clínicas.


La adicción al trabajo como patología comienza a ser estudiada a partir de los años ochenta con el advenimiento de los yuppies. Un antecedente de esta enfermedad es el síndrome de Karoshi (o síndrome de Fatiga Crónica). La muerte por Karoshi es repentina y sobreviene como consecuencia de una hemorragia cerebral o insuficiencia cardíaca o respiratoria debido al exceso de fatiga que produce hipertensión.



Si bien los psicólogos y estudiosos de las relaciones del trabajo indican que este tipo de compulsión afecta indistintamente a hombres y mujeres, se cree que la mujer logra escapar de esta trampa por su inclinación natural al cuidado de los hijos y la familia.

El perfil del adicto al trabajo es el de un profesional liberal muy perfeccionista, de alto rango y afán de éxito. Se trata de una persona ambiciosa e individualista, con grandes dificultades para trabajar en colaboración con otros. Esta alteración se ubica especialmente en la clase media–alta. Afecta a hombres de negocios, médicos, abogados, economistas y a profesiones liberales.

“El paciente no se reconoce como un enfermo, evita problemas afectivos con actividad compulsiva y tiene una sensación permanente de urgencia”,

detalló el doctor Franco entre las características principales de quienes padecen estas conductas adictivas.


“No necesariamente tiene que existir una motivación económica para transformarse en un trabajador compulsivo. Las personas que sufren esta alteración suelen tener dificultades para querer y ser queridos, los aterra el tiempo libre, y cuando lo tienen se deprimen”, afirmó el especialista y destacó la importancia de una consulta a tiempo: “Una vez detectados los síntomas, debe realizarse una entrevista.


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