(2010) "Príncipe de Persia, las arenas del tiempo" de Mike Newell


29-9-2012



El argumento de ‘Prince of Persia: The sands of time’ (El Príncipe de Persia: Las arenas del tiempo) nos presenta al hijo del Rey Sharaman, el Príncipe de Persia, derrotando al todopoderoso Maharajá de la India en una portentosa batalla. Tras la victoria llegó el saqueo de sus posesiones. Y entre ellas se llevaron un par de objetos misteriosos: una daga y un reloj de arena. Además de ello, capturaron a la bella hija del Maharajá. Un traidor del reino del Maharahá, y que ayudó al Príncipe en su conquista, engaña a éste para que rompa el misterioso reloj de arena. Desde ese momento se desatarán las temidas “arenas del tiempo”. Y la aventura comenzará. La película está basada en el videojuego ‘El Príncipe de Persia: Las arenas del tiempo’, uno de los que marcó el resurgimiento de la saga de todo un clásico del inicio del ocio informático en los años ochenta.

Jake Gyllenhaal, Gemma Arterton, Gísli Örn Gardarsson, Ben Kingsley y Alfred Molina


Confieso no haber jugado nunca al Prince of Persia, aunque lo intenté. Así que no puedo juzgar la bondad o desacierto de esta adaptación del videojuego al cine. Que los grandes estudios americanos tengan que buscar inspiración o directamente los argumentos en cualquier otro medio sería objeto de un libro entero.

Prince of Persia, las arenas del tiempo es un espectáculo y como tal hay que juzgarlo, sin más intención que la de pasar el rato. Lo que sí incluye es un detalle interesante en mi opinión, la presencia cada vez más notoria del productor Jerry Bruckheimer al frente de esta clase de filmes.

Bruckheimer está recuperando la figura del gran productor de la edad de oro de Hollywood, cuando las películas se “vendían” por su productor y no por su director. Bruckheimer, autor de estimables series televisivas –la franquicia C.S.I., por ejemplo, ha conseguido un hueco en ese extraño olimpo de los productores con sello personal.

Por lo demás, Prince de Persia es un revuelto de géneros con un hilo común: que no decaiga la atención ni un momento. La película arranca con un momento Aladdin, de persecuciones y mercados y tiene todos los ingredientes del videojuego y de las mejores cintas de Disney.

El protagonista vuela de plataforma en plataforma, los momentos íntimos con la princesa son breves, los malos son muy malos, no hay alardes de sangre y horror, los compañeros del héroe son muy graciosos. Hay espacio para una música arábigo/persa con todos los tópicos que se le suponen al sonido “oriental” y también para los animales y para el desierto.

Y, por supuesto, los efectos especiales. Nada distingue ya la realidad que vemos en la pantalla con la auténtica. Empiezo a pensar que los actores son extraordinarios, capaces de creerse, rodeados de verde, que están luchando contra la arena o las más venenosas serpientes. Menos mal que los besos, de momento, siguen siendo de verdad.


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